Alias
Andrei Peña
Sé que ustedes se creen muy cabrones porque me acaban de atrapar, pero quiero dejarles algo claro como los ojos de la güerita aquí presente. No tuvieron nada que ver con esto, yo solito puse todo para que ustedes salieran como estrellitas en la tele. ¿No me creen? ¿A poco se la creyeron que todo fue gracias a su avanzada inteligencia?, ¿atraparme en un Wall Mart en pleno día?... lo siento pero me da ri… risa… ¡Si me pegas hijo de la chingada, le mando a cortar la manos a tus hijos!
Así me gusta, Señor Procurador, que calme a sus hombres, porque se las dan de muy chingones y ya ve que son bien niñas cuando ven las cabezas. Bueno… ¿en qué me quedé?, ah sí, que ustedes deben de saber por qué me tienen aquí por mi propio gusto.
Oye, güera, tráeme una coquita de dieta, ¿no?
Para que manda a su chalán, Señor Procurador, yo quería ver bien a la güera…
Está bien, ya me concentro, pero me tienen que escuchar porque si no ya sabe que andan por aquí el Mapachón y el Gitano, y si se ponen pesados pues volamos este cuartelucho a granadazos.
Me les entregué así de fácil, para que me encierren unos dos años y puedan presumir que me atraparon. Acuérdese que ya vienen elecciones, y con eso de que los gringos ya nos quieren intervenir por ser Estado echado a perder, pues les conviene pararse el cuello de que son bien inteligentes y que nos están combatiendo con todo. También les propongo entregarles a dos jefes de plaza que ya no son tan productivos, pero que están en sus listas esas que pegan.
Sólo les pido dos cosas que ni están tan difíciles. Una ya la hicieron con el Escobar en Colombia, ya sabe el penthouse en la cárcel y los beneficios. Pero derechos, nada de celda bonita, ya les diré en dónde. Ya sabe que uno se gana enemigos en esto y pues tengo varios en todas a las que me quieran mandar, y pues si me pasa algo o me extraditan ya sabe que les va peor a ustedes, porque mi gente si es de palabra.
Sí, le acepto un cigarrito. Bueno, le decía, esa era la primera cosa, la segunda que es la más importante es que me cambien el alias. No sabe qué feo es para mí y mi familia leer su frasesota: “Julio Osorio Ramírez alias el Pitiguango”, enserio no es ley que ustedes lleven tantos años llamándome así. Ese me lo pusieron cuando todavía era un chamaco y fue por un malentendido, ya sabe lo que produce una noche de jarra, y cuando recién conoces esto pues está difícil. Usted debe de saberlo por las fiestas que daba el Zorro, ya sabe que corría de todo allí.
No se me haga el inocente aquí con sus hombres, además a todos les va a ir bien si se saben comportar. Ya quiten esas caras muchachos. Bueno, le decía, ese apodo lo tuve que cargar mucho tiempo hasta que tumbamos al Raya, ahí ya me pude desquitar de los que me llamaban así. Si supiera a cuántos tuve que pasarles orden, por que la verdad se les pasaba la mano… ah, pues sí lo sabe, ¿no? Los tuertos que encontraron ahí en Santa Catarina, pues esos no sabían que ya no iba a permitir su humorcito. También otras tantas viejas, con el perdón de aquí de la güera, pues se les iba cuando tenían la cabeza repleta de polvo, y pues hay que ser justos y parejos con todos, ¿no? No me veas así güera, que no soy tu monstruo. Yo creo que se querían pasar de listos porque yo no era norteño.
Cuando me volví jefe de jefes, así como la canción, pues ya no hubo problema con mi propia gente y todos me llamaron Julio, y tan tan, se acabó. Pero esos cabrones de Tabasco empezaron a colgar sus lonas con sus mensajes todos llenos de envidia: “3 millones por información del Pitiguango”, y pues todo empezó de nuevo, a eso súmele la guerrita que me quisieron hacer y pues en un año todo México…, qué digo México, hasta los pinches gringos trataban de pronunciar Pitiguango. Usted imagínese cómo me veía mi señora esposa, me sentía poco hombre y pues eso no es vida para alguien como yo que cree en la familia. Ah, mire, ya llegó el del refresco. ¿Cómo te llamas, chamaco? No, pues si no quiere hablar no lo obligue, Señor Procurador, yo le quería mandar una pantallota a su casa, pero pues ni hablar. Ah, ¿ya les dije que sé dónde viven todos ustedes, no?
Ya se me había secado la garganta.
Entonces es fácil lo que les estoy pidiendo y ustedes, pues ganan más todavía y por supuesto que esto queda entre nosotros. Con que ustedes salgan cambiando el apodo en la tele es más que suficiente. Ya ve cómo son los periodistas que les hacen caso en todo, no como aquí, que tuve que echarme al graciosito que puso en su periódico a dos páginas: “El Pitiguango no logra entrar en el cártel de la costa”. Pero eso ya lo solucionamos acá en su casa, sólo falta su parte para que todos me empiecen a llamar por mi nuevo nombre, porque debe de saber que el alias es el nombre de los que nos dedicamos a esto, y pues tener un alias jodido es como llamarse Anacleto o Tiburcio.
¿Cómo que cuál quiero? Si ya se los había dicho en la lona que colgué ahí en la avenida Revolución. Se me hace que no se la creyeron. Quiero que me llamen el Toro, mi vieja dice que me parezco al Pedro Infante, y que a parte soy bien salvaje. Le juro que no le estoy mintiendo y ya sabe que yo soy de palabra.
Pues ya le dije lo que quiero, ahí Dios sabrá si ustedes lo cumplen luego luego o se tardarán su tiempo, mientras, pues vamos poniendo los términos de dónde me voy a pasar los dos años que esté con ustedes… Dígale a ese cabrón que deje de apuntarme, Señor Procurador, se está poniendo muy nervioso y si le jala ya sabe lo que va a pasar. No seas pendejo muchacho te vas forrar y sabroso, ahora que si quieres ver qué le pasa a tu familia y a la de todos los de aquí pues tírale y que Dios decida. ¡Ándale tírale! ¿No quieres ver a tu esposa en cachitos?
No le peguen tan duro muchachos, sólo se puso nervioso, está chamaco y todavía no sabe cómo están las cosas aquí. Y no hagan tanto escándalo, no se vaya a confundir el Mapachón y comience a tirar granadas a lo loco. Mejor díganme sus nombres y hoy en la tarde tienen su pantalla de plasma en su casa. Palabra del Toro.